El tercer día del milagro de la creación del mundo, Dios creo los arboles frutales y la naturaleza. Arboles que darían toda clase de frutos para alimentar al mundo. La tierra entonces se enriqueció con una extraordinaria gama de colores y sabores diferentes.
Los arboles crecían por doquier, de diferentes tamaños y formas y las frutas caían de los arboles por doquier.
Si no fuera por los arboles los seres humanos careceríamos de oxigeno puro para respirar y no tendríamos la sombra para cubrirnos del calor. Los arboles limpian el ambiente y mantienen lejos de nosotros la contaminación.
Si no existieran las frutas no podríamos alimentarnos para conservar la energía vital. Existen miles de clases de frutas y cada una de ellas Dios la creo con un propósito especial.
Por ejemplo, la naranja contiene vitamina B, que ayuda al cuerpo humano a convertir los alimentos en energía para poder vivir y así cada fruta ayuda a mejorar y mantener la salud de nuestros cuerpos.
Las frutas, ademas de ser deliciosas, traen todos los beneficios a los seres vivos del universo.
Y es que mi Dios del cielo, cuando estaba creando el mundo no dejó fuera ni uno de los elementos que los seres humanos necesitamos para sobrevivir.
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